Entrevista con el profesor Albert Sasson

ace apenas un par de semanas se realizó en Bogotá, por primera vez, uno de los eventos más importantes para la industria de la agrobiotecnología: Biolatam, que reunió a decenas de expertos de todo el mundo.

La Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola (Agro Bio), invitó al profesor Albert Sasson, uno de los científicos de mayor reconocimiento en el mundo de la biotecnología (ver perfil).

El experto, de paso, aprovechó la ocasión para presentar formalmente en la capital del país y nuevo libro ‘Alimentación y Nutrición’, que justamente aborda el impacto ambiental de la biotecnología moderna, específicamente de los cultivos genéticamente modificados o transgénicos, en la alimentación de la humanidad.

Sobre este y otros temas, el profesor Sasson habló con esta redacción.

– ¿Cómo le fue en el foro de Biolatam que se realizó en Bogotá hace dos semanas?

Fue un evento muy interesante sobre la base de 200 empresas de América Latina y Europa, especialmente de España, que vinieron a exponer sus avances en bioquímica y biofármacos. Uno de los debates más interesantes fue mirar qué futuro tiene la agrobiotecnología en términos de empresa. El foro Biolatam estuvo más orientado hacia la biotecnología, la bioindustria y la bioeconomía.

– ¿Colombia qué papel jugará en ese panorama empresarial?

Colombia no está en pañales, Colombia desde finales de los 90 se puso a trabajar en biotecnología aplicada a la agricultura y a la salud humana y animal. Aquí la producción de pollos ha crecido mucho, es la proteína más barata, y se necesita vacunas e insumos para su producción, y ahí la biotecnología puede hacer grandes aportes. Es importante la producción de vacunas contra las enfermedades tanto de animales como de seres humanos, y la industria colombiana en la parte agrícola es muy importante. Desde 2002, tras la autorización para utilizar cultivos transgénicos, hoy tenemos más de 70 mil hectáreas de maíz, unas 20 mil de algodón, las flores, el algodón, etc. Lo interesante es que la demanda no ha parado pese a ser transgénicos.

– ¿Es bueno el nivel de Colombia en el desarrollo industrial de la agrobiotecnología?

Es verdad que aquí hay empresas extranjeras, pero también hay empresas nacionales que se han preocupado por ocupar unos nichos interesantes. En el tema de la agrobiotecnología es cierto que se están utilizando semillas certificadas y transgénicas, autorizadas por el Gobierno. Pero con la semilla convencional se puede hacer lo mismo. El agricultor no está obligado a utilizar semillas transgénicas pero si lo hace su producción agrícola va a ser mucho mejor.

Un país como Brasil, donde el Estado se preocupa por el pequeño agricultor, les da paquetes de semillas certificadas transgénicas o convencionales, les da el fertilizante, les ayuda a instalar un sistema de riego, etc. Ese paquete tecnológico le va asegurar al pequeño productor un resultado mínimo de sus cosechas, y eso lo beneficia a él, al país y en general a la humanidad.

– ¿Pero cómo hace un campesino pobre para mejorar su rendimiento si no recibe subsidios del Estado, como en Brasil?

Brasil no siempre fue una potencia. En 1970, por el régimen militar, estaba en bancarrota. Desde ese momento decidió comenzar a producir etanol a partir de la caña de azúcar. Fue una decisión política porque no tenía cómo importar petróleo. Hoy es una potencia en la producción de alimentos, el 60 por ciento de los alimentos de Brasil proviene de campesinos pobres. El resto viene de la agricultura de grandes extensiones. La clave está en que Brasil le ha dado a la agricultura una prioridad estratégica.

– ¿Esa voluntad política no existe en Colombia?

Me parece que sí existe. Por ejemplo, las facultades de agronomía en Colombia son buenas, el hecho de haber decidido a través del ICA de acoger los cultivos transgénicos es una decisión política, porque ratificó el Protocolo de Cartagena de 2002 sobre bioseguridad de cultivos transgénicos. Lo que me parece es que llegará el día en que Colombia producirá sus propias variedades.

Los países que han adoptado las semillas transgénicas han llegado a producir sus propias semillas para repartirlas al campesino pobre, por voluntad política del Estado. Pero claro, toda la agricultura no puede basarse en los transgénicos, también está la agricultura orgánica que no utiliza ningún tipo de fertilizantes y la agricultura convencional. Un país tan grande como Colombia puede perfectamente hacer convivir esos tres tipos de agricultura.

– ¿Esa semilla convencional ya pasó a la historia?

No, hay muchas variedades de semillas convencionales. Claro, es más propensa a las plagas, pero se siguen utilizando. Desde hace más de 10 mil años qué es lo que se ha hecho: el cruce de semillas para tener mejores rendimientos. Y al cabo de años y años se han mejorado esas variedades en términos de rendimiento.

A la agricultura moderna, a partir del siglo XIX, llega el fertilizante, llega la agricultura química, la variedad de semillas también se da de manera más rápida. Pero para lograrlo necesitamos conocer la parte genética de la planta, y utilizar ese conocimiento para acelerar el proceso.

– ¿Una decisión política en Colombia sería enfocar los esfuerzos de la agricultura más a la producción de alimentos que al biocombustible?

Es un reto. Hay países que pueden hacer las dos cosas al tiempo, como Brasil, porque tienen más producción agrícola, pero los países más pequeños deberían darle prioridad a la producción de alimentos. Colombia está en un término medio, por ejemplo en las llanuras se puede producir palma de aceite como alimento y también para biocombustible.

– Pero en Colombia donde más se produce palma de aceite es en las regiones más golpeadas por la violencia paramilitar y guerrillera…

Eso es cierto. El problema es que la agricultura no es solo producción sino que vienen acompañados con problemas sociales. De qué sirve la ayuda de la tecnología si existen problemas sociales sin resolver.

– ¿Qué papel jugará el agua en la agricultura del futuro?

El reto es seguir produciendo agricultura con menos agua, por el cambio climático. Tendremos eventos climáticos como tsunamis, sequías, huracanes, etc.

Lo que tenemos que hacer es educar a la gente para que cada gota de agua se utilice en forma debida.

Hoy no estamos pagando el agua a su valor real, pero mañana tendremos que pagar más. Entonces tenemos que reducir su consumo, reciclar y utilizar semillas que consuman menos agua.

Nuestro gran desafío es producir semillas resistentes a la sequía.

PERFIL DE ALBERT SASSON

Albert Sasson es Doctor en Ciencias Naturales y Microbiología. Ha sido asesor de varias entidades internacionales y tiene más de 200 publicaciones sobre investigación en microbiología de suelos, algología y agrobiología, problemas ambientales y de desarrollo, alimentación y nutrición, y biotecnologías médica, agrícola, ambiental e industrial.

Además de docente universitario, ha estado vinculado a la Unesco desde 1979, entidad de la que fue Director General Asistente entre 1993 y 1996.

Es Presidente de la asociación BioEuroLatina que tiene como objetivo promover la cooperación entre Europa y América Latina en todo lo relacionado con la biotecnología.

Lleva 38 años escribiendo libros sobre la biotecnología en los países en desarrollo durante los últimos 38 años. Sus estudios han sido traducidos a varios idiomas.

Fuente elnuevodia.com

Carlos Alberto Gutierrez Robayo

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